jueves, 17 de junio de 2010

Un Blog más, ¡como para qué?

Por: Óscar Rodríguez Nieto

Nuestro grupo de amigos de la narrativa, se reune mensualmente para conversar, tomar unos vinos y principalmente para leer los textos que escribimos. Todos pretendemos ser escritores de oficio y valoramos las opiniones de nuestros pares, especialmente si son amigos. Es una forma de obligarnos a producir y al mismo tiempo una disculpa para conocernos cada día más.
Hace algunos meses, en una de esas reuniones surgió una idea: ¿porque no establecer un blog en donde plasmar textos de reflexiones sobre la escritura y la literatura? Cuando se inicia un blog o diario virtual, aparecen las preguntas obvias como ¿habrá alguien que quiera leer lo que escribimos? ¿Tenemos algo novedoso o interesante qué decir? ¿nos robarán las ideas? ¿Y qué pasa si nadie escribe?
Todos estos temores se tradujeron en que terminaramos creando un blog cerrado en donde sólo nosotros pudieramos escribir y sólo nosotros nos pudieramos leer. Cada entrada en el Blog además se retransmitía al grupo de correo para que aún aquellos que no entrarán al blog la reciberan en el correo. sin embargo usar el blog para lo que sirve el grupo de correo los desvirtua
a ambos.
Propongo que abramos el Blog al público y nos arriesguemos a publicar nuestras ideas así estén en borrador y las vamos comentando y puliendo entre todos con la discusión.
Internet es la prueba irrefutable de que la anarquía funciona. En Internet las leyes de la oferta y la demanda (teroremas del bienestar decimos los economistas) conducen a un equilibrio justo cuando no hay restricciones para participar y la información es suficiente. El mundo virtual resulta mucho más eficiente que el mundo real porque acorta distancias entre los que interactuan en él. Allí es más fácil encontrar quén tiene lo que yo quiero y quien quiere lo que yo tengo. Los productos y servicios más extraños se ofrecen en Internet y existe quienes quieren comprarlos. por ejemplo: la compañía israelí Crazyshop está vendiendo parcelas en la luna y la tiene ya casi toda vendida
Desde el punto de vista del conocimiento y la creación artística, siempre habrá alguien que le interese los temas que nos interesan a nosotros, pero si no nos mostramos no nos van a encontrar.

jueves, 6 de agosto de 2009

CANIBALISMO

Heider Rojas
heider_r@hotmail.com

En el cuento Calibanismo, de Andrés Caicedo, se sugiere que “hay varias maneras de comerse a una persona”. Se describen las formas de hacerlo y el narrador cree que éstas varían dependiendo de si el engullido es hombre o mujer y que comer gente es un hábito como otro: como ir a cine.
Antes, el 17 de diciembre de 1492, Cristóbal Colón anotó en su Diario del Primer Viaje: “Mostráronles dos hombres que les faltavan algunos pedacos de carne de su cuerpo y hiziéronles entender que los caníbales los avían comido a bocados”. El Almirante tanto podía estar limitándose a describir una práctica salvaje, como tomando nota de una pesadilla.
En 1636 Rubens pintó a Saturno devorando a su hijo y, cerca de dos siglos después, una de las pinturas negras de Goya fue Saturno devorando a un hijo. Ambos cuadros alegorizan la situación de Saturno (Cronos) quien, tras haber derrocado a su padre, sabía, por los anuncios de los oráculos, que sería destronado por uno de sus hijos. De ahí que, temeroso, los devoraba. Sin embargo, uno de ellos, Júpiter (Zeus), salvado por su madre, terminó por derrotarlo y expulsarlo del Olimpo. En ambas pinturas Saturno es un ser avejentado, pero en la de Goya la condición del viejo es especialmente terrible. Está asustado, aterrado, los ojos blancos y la oscuridad que rodea el cuerpo expresan una soledad sin igual, que se magnifica porque el torcido cuerpo del viejo es gigantesco.
En el Diccionario Lenehan de impulsos, traducido (¡al fin!) del gaeilge irlandés al español por Eva Gorman, se define el canibalismo como el “acto o la práctica de alimentarse de miembros de la propia especie”. Se asegura que “también se presenta en otros seres vivos. Está documentado entre los hámster, las ratas, los ratones, las serpientes cascabel, los cocodrilos, los escorpiones, la mantis religiosa, las arañas”, y siguen muchos más.
Pero ¿por qué, yendo contra el sentido común, un ser vivo puede querer devorarse a otros de su misma especie? En el mismo diccionario se aventuran razones bien disímiles. La más a mano es, por supuesto, la hambruna; como en el caso de los integrantes del equipo uruguayo de rugby accidentados en los andes chilenos en 1972. No obstante, se proponen otras más sutiles. “El mito de Saturno ejemplifica a primera vista una razón política”, sigue el diccionario, “la conservación a ultranza del poder; pero, mirado con más detenimiento, revela algo de carácter general que en la literatura ha sido un tema recurrente: el desplazamiento del padre por el hijo, el más joven, el que podría llegar a ser más fuerte”. ¡Sí!, ¡por gusto abran Hamlet o Ulises!
Lo inquietante es esto: el diccionario advierte que, así como puede ocurrir con el hijo, “también podría acontecer con el vecino, o el amigo, o el amante, o la generación que viene ¡Hay tantas amenazas!”.
Bueno, antes reseñé que entre distintos seres vivos (y mencioné insectos y reptiles) hay prácticas de canibalismo. Se me olvidó (¿autocensura, acaso?) citar allí a un grupo de vivientes que, de acuerdo con el diccionario, lo practican con ansiedad particular: los escritores. “También los políticos lo practican, por supuesto, y los burócratas y profesores tanto como los jueces, los profesionales en su círculo, en fin… hasta las parejas tienen ese intenso hábito; y a veces pareciera que, entre más civilizados, el gusto por el canibalismo es mayor”.
Sólo que el diccionario llama la atención hacia los escritores “porque cualquiera que no haya estado entre ellos imaginará que, por su condición de creadores, antes que devorar a sus semejantes se preocupan por alentarlos. Ay, mansos lectores: ¡la mayoría son caníbales redomados! Gigantes (a sus propios ojos) que intentan devorar todo lo que pueda disputarles la visibilidad de sus propias figuras”. Los premios literarios, pone por ejemplo, “les producen una alegría incomparable, porque les permiten reunirse para devorar a quien, con buenas o malas artes (para el caníbal escritor da igual) resultó premiado”.
Bueno, en realidad, pensándolo mejor después de repasar el diccionario, es una práctica común, casi cotidiana. Me detengo en las parejas. ¿Acaso al sexo, a hacer “el amor”, no se le llama coloquialmente “comer”?: unos se comen a otros, ¡físico canibalismo! ¡Y hay que ver las miradas y oír las expresiones encendidas de las mujeres cuando uno –o una– les gusta y se lo –o se la– quieren devorar! Ah, y en un sentido más simple, emocional, ¿tragarse no es una expresión cercana o asociada a atragantarse?
El propio narrador de Calibanismo aclara: “no es que me guste ver cómo se comen a la gente, sólo que uno ya soporta eso mejor, cuando ya se vuelve cosa de cada sábado uno ya ha clasificado ese hecho entre lo que se hace todas las semanas”.
Y siendo así –y dado el instinto darwiniano–, es útil adaptarse, aprender a lidiar con el asunto, a sobrellevarlo o dejar que nos resbale. Sobre todo no es bueno dar la impresión de propasarse, podría uno terminar como Saturno.
En lo que me concierne, estoy dispuesto a entregarme sin tapujos a toda comilona, sólo que con este condimento: con el gusto que le atribuyen a Cioran. “A veces quisiera ser caníbal”, se dice que bufó el rumano, “no tanto por el placer de devorar a fulano o mengano, como por el de vomitarlo”.

viernes, 13 de febrero de 2009

Nuevas Narrativas

El Hoyo Negro

Los invito ver este pequeñísimo cortometraje que esta dando vueltas en la Red

video

Sin comentarios.

martes, 3 de febrero de 2009

LA PUNTUACIÓN CREADORA

Por: Heider Rojas


Entre los escritores no profesionales o que se están iniciando, es común encontrar buenas historias ahogadas en una maraña de comas y puntos –los signos más usuales– marcados por azar o a ciegas. Esas historias se las suelen dar a leer a los amigos, esperando oír de ellos una opinión sincera. Y con frecuencia estos encuentran que la puntuación constituye una sucesión de obstáculos cuya única función parece ser ponerles a prueba la paciencia y su fraternidad con el amigo, aficionado o cachorro de escritor.
Muchas veces, como ocurre con los defectos, la puntuación se ha marcado de manera inconsciente. Pero en no pocos casos el autor parece proponerse investigar si uno está dispuesto a aceptarlo, incluso a soportarlo, tal cual es: con sus virtudes y defectos.
Algunos, un buen número, van mucho más allá. Miran con desdén la puntuación. La consideran algo menor, un asunto de carpintería, de oficio, que cualquiera puede hacer sobre el texto concluido. Imaginan que es un trabajo material, propio de los correctores de estilo o de pruebas, a quienes se les paga no para crear sino para adecentar los textos, para ajustarlos a ciertas reglas tan relativamente útiles como lo puede ser el maquillaje en un rostro bello, expresivo y atrayente por naturaleza. Ningún despropósito los perturba. Más bien los hace sonreír, a unos incluso envanecerse, como si el azar en la puntuación fuera una forma de rebeldía, un espacio ganado de libertad, en sí mismo una forma creativa.
No es mi objetivo darles o negarles la razón. Sacralizar o desacralizar la puntuación. Sólo quiero esbozar su rol en la escritura creativa.
En ese sentido, que alguien se presente como aficionado a la escritura de ningún modo justifica una puntuación errática ¿Pues qué aficionado –pensemos en cualquier deporte o actividad–, se desinteresa por las reglas que gobiernan el objeto de su interés? Al contrario. El aficionado suele distinguirse porque se afana en conocerlas y termina siendo ducho, a su manera instintiva, en ellas. De hecho, es frecuente que adquiera acerca de las reglas conocimientos prácticos, útiles, y una paulatina habilidad para interpretar su aplicación, ya que eso le permite sentirse de veras inmerso en el ámbito de su afición y disfrutar de ésta con mayor intensidad. Sólo imaginemos a un aficionado al fútbol que no tenga idea de qué es el fuera de lugar, cuándo hay que marcarlo y sus consecuencias. Pobre espectador; va al estadio a ver correr cuarenta tipos en pantalonetas tras de un balón. Aunque es posible que en realidad no sea un aficionado al fútbol; que el objeto de su atención lo constituya el ambiente en las tribunas.
Ahora, si hablamos de principiantes, son algo más que aficionados. Dejaron la tribuna para meterse a la cancha. Y tienen a los espectadores mirándolos en las tribunas, enjuiciándolos, a la espera de algo que justifique su presencia en la cancha, su osadía de querer dejar el anonimato y el griterío común para solicitar su atención con la promesa de comunicarles algo original e interesante.
No se sabe aún si ese provocador cuenta con un estilo propio. Está a prueba. Tiene que mostrar su estilo y convencer que es atractivo y consecuencia de un talento especial. Y como hay pocos chances, habiéndosele dado la oportunidad está obligado consigo mismo a aprovecharla; tal vez no se le vuelva a presentar.
Pero dejemos la pasión sentimental del fútbol. Una deficiente puntuación dificulta la lectura, seguir el hilo de lo que se cuenta; la repetición de inconsecuencias corta la fluidez, fastidia y, bien pronto, hace perder el interés. Y si hay algo necesario para que una historia tenga la opción de ser leída y, aún más, de enganchar, es que la lectura fluya. Que, sin distractores, el lector pueda concentrarse en las incidencias de la narración.
Esa es una razón de conveniencia práctica que parece suficiente. Sin embargo, creo que hay otra, superior: el hecho de que, sin una puntuación sabia y talentosa, un estilo difícilmente da todo de sí. Porque la puntuación es un insumo imprescindible en la construcción de pausas y acentos, voces peculiares, emociones, tonos, reflexiones o acción. Supone formas de aireación del texto, de algún modo su respiración particular. La mejor literatura se impone frase a frase, oración por oración, y la extensión de cada una de las frases y oraciones, lo mismo que sus divisiones y relaciones, acotadas por la puntuación, generan la textura que agarra o decepciona.
Para evidenciarlo tomemos un ejemplo paradigmático que parece su negación. El monólogo de Molly Bloom, último capítulo de Ulises de James Joyce. El capítulo tiene 45 páginas, en la edición Fábula Lumen Tusquets de 1995. Y en sus 45 páginas, divididas en 8 grandes fases o párrafos, hay sólo un signo de puntuación marcado: un punto. El punto final.
Es la conciencia del lenguaje que tiene Joyce, patentizada al interior del Ulises mismo, lo que le permite prescindir de la marcación de signos, con un propósito definido: evidenciar el fluir de la mente. No obstante, aunque hay sólo un punto marcado –con una enorme carga significativa en su soledad–, los demás signos –las comas y los puntos seguidos, sobre todo– son perceptibles en la lectura. Surgen como declinaciones, pausas, giros que, sin estar fijos, obrando como posibilidades, hacen y deshacen frases y oraciones y multiplican la lectura. La ausencia formal de puntuación es aquí una forma de creación, inconsciente para Molly, pero deliberada, precisa, arquitectónica para Joyce. De suerte que, antes que ser un ejemplo de relegación de la puntuación, el monólogo muestra cómo su profundo conocimiento puede llevar a convertirla en un instrumento de potencia creativa.
“Yo creo”, señaló una vez Truman Capote, “que un cuento puede ser arruinado por un ritmo defectuoso en una oración –especialmente al final– o por un error en la división de los párrafos y hasta en la puntuación”. Y alguien dijo que un punto bien puesto es como una marca de hierro impresa en el corazón. El ejemplo del único punto marcado formalmente en el mundo de Molly Bloom nos lo confirma con brillantez.
Mayo 2008

sábado, 31 de enero de 2009

La Meta-narrativa

Meta-creación y Meta-narrativa
Se me ha creado la obsesión de leer todo aquello que encuentro en donde los autores hablen sobre los procesos que se dan en el momento de la creación literaria. Tal vez es un vicio que me quedó del Diplomado de Novela Corta de la Javeriana, en donde Juan Manuel aparecía con una serie de acetatos de frases entrecomilladas. Siempre me dejaron la impresión que los escritores no entienden muy bien lo que les pasa cuando escriben. Después de eso he tenido la oportunidad de conocer a otros proyectos de escritores y escritores de toda la vida, y me sigue pareciendo que ninguno sabe bien que es lo que les pasa al escribir, ni lo que sucedió antes para que se desencadenara el acto creativo, ni lo que pasa después cuando la obra toma identidad propia. Es lo que se llamaría la meta-creación artística, que se refiere a buscar qué hay detrás de la creatividad del artista o en el caso específico de la literatura la meta-narrativa de la que habla Silva.
Se trata de unos temas sobre los cuales vale la pena reflexionar y sobre los cuales todo aquel que ha escrito tiene algo por decir.

Lineas y Temas de Reflexión
Con el debate sobre el blog y la necesidad de buscar una identificación como grupo (es decir, llegar a saber si somos o no somos un grupo de escritores con algo en común) se me viene a la cabeza proponer una serie de temas de reflexión a la manera de como lo hacen los grupos de investigación que definen una línea de investigación y luego plantean temas de investigación referidos a esa línea y alrededor de esos temas llevan a cabo sus proyectos de investigación. En este caso tendríamos una línea de reflexión, que sería la meta-narrativa pero alguien podría proponer otros más. Y de esta línea se derivan unos temas de reflexión de los cuales enumeraría los siguientes:
  1. La ensoñación: Esa sensación de abstracción, ese soñar despierto que experimentamos frente al teclado, lo que muchos llaman la inspiración o la llegada de las musas.
  2. La planeación: Especialmente en la novela algunos autores planean más que otros y a diferentes niveles. ¿qué ventajas y desventajas tiene? ¿qué tanto hacia adelante vemos de la historia a medida que avanza la escritura?
  3. La página en blanco: Hoy en día el terror lo genera el archivo abierto y el cursor titilando como si fuera el timer de una bomba de tiempo. ¿Porqué existe esa sensación? ¿porqué nos resulta doloroso no poder escribir lo que queremos?
  4. El universo propio y el dios escritor: muchos dicen que el escritor es lo más parecido a un dios. hay que crear un universo en cada libro y no basta con decir hágase la luz. ¿De dónde salen los referentes y porque a veces el universo no es verosímil.
  5. La creación del personaje: contar una serie de acontecimientos es simple, crear uno o varios personajes que hagan que esos acontecimientos sean interesantes es un tema muy complejo ¿cuáles serán los ingredientes? ¿qué debe saber el autor de ellos?¿cómo conocerlos lo suficiente para poder saber cómo actuarían en distintas situaciones.
  6. La historia vs. la narración: Si la historia es lo que el autor piensa que pasó y la narración lo que el narrador contó o mostró y son dos cosas distintas ¿que es lo que sucede entre lo que hay en la cabeza y lo que llega a la punta e los dedos? sin duda hay un proceso de transformación.
  7. La autonomía del texto: Lo que sucede cuando una historia comienza a mandarse sola, cuando se sale de las manos, cuando los personajes comienzan a tomar sus propias decisiones.
  8. El cierre: Terminar un texto narrativo es tan difícil o aún más que comenzarlo ¿que sentimos en esos momentos? ¿como desprendernos de esos personajes que ya hacen parte de nuestras vidas y decir "hasta aquí llegó la historia, el resto imagíneselo usted".
  9. El papel del lector: ¿El lector potencial influye en la escritura?¿estamos pensando en alguien cuando narramos?¿quisiéramos que nos leyera un tipo especial de personas y no otro?

Puede haber muchos temas más. Lo que planteo es mirarlo desde nuestras propias experiencias como escritores, nuestras sensaciones o nuestra ausencia de ellas frente a cada tema.

lunes, 26 de enero de 2009

La edad de la lectura

Los mayores 'devoradores' de libros en España tienen menos de catorce años
El 81,9 por ciento de los niños y niñas de España con edades comprendidas entre los 10 y los 13 años, conforman el mejor grupo lector del país.
Este porcentaje elevado ha sido confirmado, por sexto trimestre consecutivo, por el último barómetro de hábitos de lectura y compra de libros elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España, que sitúa en el 53,9% el índice de lectura entre la población mayor de 14 años.
"Es lo que más me gusta. Me traslada a otros mundos", dijo una estudiante española, deportista y amante de la música, cuando tenía tres años rogó a sus padres que la enseñaran a leer.
El 65,5% de los niños o niñas lee a diario o semanalmente, mientras que el 16,4% son lectores ocasionales, que leen un libro alguna vez al mes o al trimestre. El 59% lee porque les gusta, frente al 10,6% que lo hace por obligación, según el citado barómetro.
El 74,5% de los 'chavales' enganchados a la lectura son hijos de padres lectores, y un 84,3% recuerda cómo muchas noches su padre o su madre les leían antes de dormir.
El 94% de los padres españoles entiende que la lectura es "imprescindible" en la educación de sus hijos, si bien luego sólo un tercio lee con ellos todos o casi todos los días, según el Anuario del Libro Infantil y Juvenil 2008 de Ediciones SM.
Xosé Ballesteros, director de la editorial Kalandraka, apunta como una de las razones que explicarían el auge de la lectura entre los más jóvenes, que precisamente son hijos de una generación de padres y madres amantes de los libros, con un bagaje cultural y un poder adquisitivo mayores.
El Anuario de SM, grupo editorial con destacada presencia en el mercado español y latinoamericano, y promotor de una colección que durante tres décadas ha hecho las delicias de muchos pequeños, "El barco de vapor", confirma el buen momento que vive una industria "fuerte, estable" y de gran vitalidad.
Una industria que se consolida "como el motor del sector editorial gracias -dice el Anuario- a su constante crecimiento anual", que en 2006 se tradujo en unos sesenta millones de ejemplares editados y en una facturación que aumentó un 14,8% en relación al año anterior.
En 2006, el sector editorial español facturó en su conjunto más de 3.000 millones de euros (4.170 millones de dólares), de los cuales 323,5 (449,6 millones de dólares) correspondieron a libros para niños y jóvenes, informó el Anuario.
Los colegios y las bibliotecas públicas han contribuido decisivamente a enganchar a la lectura los más pequeños, según Elsa Aguiar, gerente de publicaciones de literatura infantil y juvenil en SM.
"La lectura nunca debería plantearse como una obligación, sino como una alternativa estupenda de ocio. En el aula se utiliza el libro para trabajar y no como fuente de ocio placentero", aseguró Victoria Fernández, directora de la revista "Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil".
La meta es que un porcentaje alto de esos chavales que se inician en la lectura a una edad cada vez más temprana, se "reconcilien" de nuevo con ella tras pasar la siempre convulsa adolescencia, dijo Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España.
"Cada vez se lee más por placer que por obligación", agregó el director de Kalandraka. Un ejemplo de ello, según Ballesteros, es el éxito que han tenido en España títulos como "Harry Potter" -se han vendido más de seis millones de ejemplares de las siete entregas de la saga- o, en clave española, muchos de Laura Gallego o Jordi Sierra y Fabra, dos de los autores más exitosos.
MadridEFE

En: http://www.eltiempo.com/vidadehoy/educacion/los-mayores-devoradores-de-libros-en-espana-tienen-menos-de-catorce-anos_4773570-1

Consultado: Martes 27 de enero de 2009

domingo, 25 de enero de 2009

Minipárrafos

Luego de descubrir cómo hacerlo (como colgar) me he prometido no escribir sino minipárrafos. Más bien complementar o participar en comunicaciones curiosas, también en exploraciones meta-narrativas y qué sé yo con otros, con OTROS.

martes, 13 de enero de 2009

Recomendado de Yenny


Por Yenny Pulido


Me encanta leer sus correos y saber de sus actividades. En este momento esoy dedicada a leer mucho porque los niños en el colegio me piden bastante porque son buenos lectores. Me la he pasado haciendo pruebas sobre lo que les gusta o no y por mencionarte un ejemplo, leímos en grado sexto "El Ejército Negro" de un escritor español Santiago García-Clairac publicado por SM. A los niños les encantó la historia y a pesar de ser tan extenso (600 páginas lo leyeron todo). He pensado que una manera de participar en el grupo es contándoles lo que les gusta leer a los niños e invitándolos a trabajar con ellos cuando ustedes quieran. Este colegio tiene un nivel académico alto y permite definir con claridad tendencias en cuanto a lectura y escritura en los niños.

El ejército negro: El reino de los sueños

En su vida cotidiana, Arturo se enfrenta a matones de instituto y otros mensajeros del mal que acechan su vivienda. Pero en otra dimensión, en los sueños quizás, sus enemigos son dragones y reyes asesinos.
En ambas vidas Arturo lleva consigo los secretos de un sabio alquimista que lucha contra la maldad...
Arturo Adragón, un muchacho de catorce años, lleva una “A” marcada en su rostro, así como una serie de letras en el resto del cuerpo, lo que le hace ser objeto de burlas en el instituto. En La Fundación, su casa, Arturo se refugia en un ambiente lleno de tesoros medievales: espadas, escudos, pergaminos y libros que guardan secretos sobre su origen y el de su familia. Pero La Fundación está en peligro, alguien se quiere apropiar de todos estos tesoros y de grandes secretos que abren la puerta a los sueños de Arturo. Se trata de otro mundo emplazado en el siglo X, en plena Edad Media, otra dimensión donde los enemigos de Arturo son temibles dragones y reyes asesinos. En ambos mundos las fuerzas del Mal buscan los secretos de Arquimaes, custodiados por el misterioso Ejército Negro.

lunes, 12 de enero de 2009

Sobre Blog y reuniones

Por Juan Manuel Silva

Bajé hoy al pueblo y en computador prestado veo la noticia del blog. Me gustaría que antes de pasar a las armas lo conversáramos.

Entre otras para fortalecer la página, el grupo o el blog.

Me pregunto quiénes somos, Y si es algo en grupo. Eso me gustaría. Aunque me gustaría primero el repaso de los que quedamos. Lo que dice Carlos es cierto, hay muchos que están sólo ahí, y además sólo eso quieren. Vale. Yo, en mi caso, sin descartar a nadie, quisiera un grupo más próximo, montado sobre proyectos específicos de trabajo, montado sobre un colectivo. Con ellos nos hemos estado reuniendo con, creo, grandes beneficios creativos y con aprendizaje.

La caricatura de ese trabajo (los pretextos creativos) o lo más parecido, fueron las apuestas con Óscar. Entre otras, gracias muy especiales para él, porque han sido muy importantes para mí en estos tiempos difíciles. Como la literatura tiene (con frecuencia) algo de reto, de compulsión, pues a ambos nos dió resultados (en particular a mí, de otra manera). Por eso mismo he alimentado con comentarios y pretextos la página que nos une.

Hasta apostaría a mi madre por escribir y por mantener unas reuniones de trabajo creativo, de grupo, con gente que ésta interesada, que quiere escribir, que piensa el asunto y que prueba a hacerlo (o lo hace ya) con sinceridad. Por eso, algunas de las "bajas" que hemos tenido me duelen. Por ejemplo... Bueno, por ejemplo tal y tal (no sea que se lo crean).

Hasta ahora el grupo yahoo funcionó, quedan los invisibles y en el trasfondo los propósitos algo ambiguos (quizá esa sea su naturaleza). Creo es importante la revisiòn de ellos o, en su defecto, el simple seguir reunièndonos para celebrar los cuentos y las historias de los que hasta ahora sobrevivimos activamente.

Me gustaría que nos reuniéramos a fines de enero, para saber que hay para este año. Creo que lo que sobrevive realmente son las reuniones, porque es en ellas en donde realmente socializamos y hemos crecido.

EN TANTO, PROPONGO QUE CONVERSEMOS EN UNA REUNIÓN (con tragos blandos o mancha tripas suaves, porque yo me estoy haciendo abstemio a punta de indigestadas), Y QUE EN TANTO SE MANTENGA ESTE MEDIO DE COMUNICACIÓN.

Saludos.

Juan

viernes, 9 de enero de 2009

Libros recomendados por Carlos Sánchez

Aparte del libro de Oscar y de la ganadora del Barco de vapor 1, que publicaremos en febrero, quiero recomendarles estos tris libros para niños. Estremecedores.

- El árbol triste de Triunfo Arciniegas[1] (Ediciones SM). Un niño contempla con alegría la súbita llegada de tres nuevos y extraños pájaros al árbol del jardín de su casa. Consulta con su padre de dónde podrían ser las aves y al no establecerlo rápidamente inicia una bitácora de investigador donde anotará todo lo que va aprendiendo. Los pájaros son negros y el niño les ha dado nombres para identificarlos más fácilmente: Teodoro, Santiago, Vladimir. Los pájaros van y vienen con las estaciones, pero el niño está más intrigado con cada nueva visita. Ahora las aves llegan enfermas: Teodoro ha perdido peso, Santiago tiene miedo y nunca abandona el árbol, Vladimir ha perdido plumas. "Hasta de noche brincaban de rama en rama, inquietos, desesperados". El niño se pregunta en su bitácora: ¿Qué está pasando? Finalmente identifica de dónde vienen los pájaros: de un país en guerra. Ese país es Colombia, así nunca se mencione explícitamente la palabra. Pese a sufrir un conflicto bélico interno permanente desde sesenta años, la temática de la guerra en los libros de ficción de la literatura infantil y juvenil colombiana se ha abordado poco, salvo los casos destacados de Los agujeros negros de Yolanda Reyes y Paso a paso, de Irene Vasco. El árbol triste de Triunfo Arciniegas enriquece esta mirada con una narración dramática y sugestiva, rica en matices poéticos, más preocupada por presentar los efectos de la guerra que por hallar culpables o describir la brutalidad del conflicto armado. El libro es vivamente enriquecido por las ilustraciones hiperrealistas del mexicano Diego Álvarez.

- Camino a casa de Jairo Buitrago y Rafael Yockteng (FCE). En once oraciones y doce ilustraciones se logra describir de un modo estremecedor la historia de una niña de familia humilde, cuyo padre está desaparecido, y que debe enfrentar la agobiante tarea de llevar a cuestas las obligaciones de un hogar en vista de que la madre trabaja en una fábrica. Un león imaginario, a todas luces excéntrico, la acompañará y cuidará de retorno a casa luego de asistir a la escuela. Sin intención moralista o de denuncia social explícita, pero sí con un vigor expresivo no exento de ironía, los autores del libro muestran los difíciles momentos por los que están pasando muchos niños en Colombia. Pobreza, guerra, desplazamiento, abandono, son el pan de cada día. Pero también esta niña es un símbolo de la esperanza, de la heroicidad cotidiana, la imaginación y el humor como respuesta a una realidad desoladora. Este libro fue ganador del prestigioso concurso A la orilla del viento del FCE[2].

- No comas renacuajos de Francisco Montaña (Babel). Esta novela se inscribe en una línea realista-social, con descripciones durísimas de la vida de los niños en los barrios pobres del sur de Bogotá. Cinco niños –dos niñas, tres varones-, abandonados por los padres, intentan sobrevivir en un ambiente de hambre y pobreza extrema. Los personajes son dramáticamente retratados y en los sufrimientos que viven, parecen salidos de películas como Los olvidados de Luis Buñuel o La vendedora de rosas de Víctor Gaviria, o de novelas crudas como El día del odio de Osorio Lizarazo. Todo el tiempo viven situaciones retadoras para niños de su edad, y a la pobreza se suma el agobio moral y la impotencia de actuar frente a una realidad que los desborda. Un tenue brillo de esperanza se avizora en el monólogo de una niña –esta hija de presos políticos- que se propone salvar a David, uno de los protagonistas.

[1] Si bien la primera y la segunda edición fueron publicadas en México en 2006 y 2008, en la colección El Barco de vapor (serie blanca), lo incluimos por ser un autor colombiano representativo.
[2] El libro tiene ISBN mexicano y ha comenzado a circular en Colombia a comienzos de 2009. Buitrago y Yockteng también son autores de otro álbum destacado, Emiliano, un relato sugestivo y lleno de claves visuales sobre las fantasías de un niño típico de un entorno urbano, publicado por Babel libros.